Los fósiles de los géneros Ardipithecus, Orrorin y Sahelanthropus, que tienen entre 4 y 7 millones de años de antigüedad, se han clasificado como los primeros ancestros del ser humano. Para los autores del estudio, que se publica esta semana en la revista Nature, se trata más bien de “primos lejanos”. “Es posible que sean fósiles de simios más cercanos a los actuales grandes simios”, concreta Wood.
Para Carles Lalueza-Fox, investigador en el Instituto de Biología Evolutiva (CSIC), la atribución de Ardipithecus como homínido es también “controvertida”: “El bipedismo se tomó como el rasgo crucial que define la línea evolutiva. Me sorprendió que se explicara que Ardipithecus tenía el dedo gordo del pie oponible, porque para ser bípedo debería tenerlo alineado con los otros dedos para soportar el peso corporal”, declara a SINC Lalueza-Fox.
Según los científicos, hay más de una interpretación posible de los fósiles de Ardipithecus, Orrorin y Sahelanthropus. Además, los parecidos morfológicos y de homoplasia (presencia de las mismas características en especies de diferente ascendencia) no se tuvieron en cuenta al analizarlos. Sin embargo, “decir que son un antepasado humano no es la explicación más sencilla ni parsimoniosa”.
“No existe un consenso sobre lo que cuenta la morfología sobre el genotipo y cuáles son los rasgos filogenéticamente relevantes”, señala el investigador español. Los pequeños caninos de los géneros Ardipithecus y Sahelanthropus son quizá la prueba “más convincente” de su condición de antepasado humano, aunque la reducción de estos dientes “no es exclusiva del linaje humano”.
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